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14 de febrero de 2017

DE AMOR Y DE (50) SOMBRAS


Inauguramos esta columna con un post muy especial inspirado en la película de 50 Sombras de Grey que se estrenó recientemente. Porque la saga continúa y anima a las parejas a probar el bondage y las relaciones un tanto menos vainilla...

San Valentín es una fecha que festeja el amor en todas sus formas. Partiendo de la base de que querer a alguien no es fácil, se vuelve imperativo festejarlo. Es un trabajo de crecimiento de a dos o más personas, que debe hacerse siempre sin olvidarse de uno mismo. A veces idealizamos al otro o queremos cambiarlo, cuando en realidad solo se trata de querer todo del otro, hasta lo que nos enoja.
Muchas veces añoramos lo lindo de una relación, cuando la mayor parte del tiempo, se trata de trabajo, de conocimiento del otro y de uno mismo, de conocer los límites de cada uno, separados y juntos. Amar y querer, no es para cualquiera, y no se quiere a cualquier persona tampoco. Se quiere a alguien que a pesar del enojo, a pesar de lo que no nos guste, siempre nos nace ese amor desde lo más profundo de nuestro ser. A veces querer es aceptar espacios que no pedimos, tiempos, silencios que no queremos, estar en el mismo lugar sin hablar, solo existir. Decir lo que el otro no quiere escuchar, por su bien, aunque implique silencios y días de enojos. Eso es querer a alguien. Ir de la mano, sacarse fotos dándose besos y hacer declaraciones ciberneticas públicas de amor, las hace cualquiera.


Si bien 50 Sombras de Grey es una película muy criticada por la temática en la que se centra, también es idolatrada por otros por lo mismo, y llevó a muchas parejas a probar este estilo de vida sexual.
La relación se basa, aunque mucha gente parece olvidarlo, en un acuerdo y en la confianza en el otro, en respetar los límites y en lo que a cada uno le parece placentero que, por supuesto, es diferente para todos. Personalmente, creo que esta película relata una historia de amor diferente y creo que el sadomasoquismo es una forma de práctica sexual, nada más. Desde mi punto de vista como psicóloga, creo que lo esencial de la trama es el amor entre ellos dos y en como el placer y el dolor están emparentados, aunque nos cueste o no queramos verlo.

El amor de Anastasia por Christian, es como el que describo al principio, ella sabe como es él y lo quiere así. Y creo que todas tuvimos un amor por el que sentíamos tanto, que dolía a la vez. Si no, espero que lo tengan pronto, porque es un antes y un después. En este caso, a pesar de las crisis y desencuentros, se muestra un camino de autoconocimiento y ayudarse a crecer el uno al otro, que lleva a un final feliz. 


De todas formas no todos esos amores terminan igual. Para las que leímos el libro, sabemos que ella se refiere a él como el amo de su universo. Ese amor posesivo, que tiene mucho que ver con el control ejercido en el sadomasoquismo por el amo, es lo que hace tan atrapante a este tipo de romances. Aclaro que puede existir, sin sadomasoquismo y sin pañuelos o cuerdas que aten en lo sexual, porque la posesividad no está presente sólo en la gente que practica el S&M. Insisto, creo que todas nos merecemos un amor así, aunque sea una vez en la vida.



Contrario a lo que puedan decir, respecto a las escenas que llaman violentas en esta película, creo que se trata de ese momento en que ellos se conocen. Anastasia se aleja cuando encuentra su límite y logran encontrar su acuerdo, sin los papeles que (spoiler alert) Christian quería poner de por medio por su necesidad de control. Confían uno en el otro y esperan el respeto que dan.
Estamos en un momento donde la violencia de género está muy latente, y mezclamos las cosas. El sadomasoquismo es una práctica sexual, un acuerdo entre dos personas, donde se establecen límites y existe un orden, existe una palabra de seguridad pautada entre los dos, que permite poner el límite necesario cuando ya no se siente placer, que es el propósito del encuentro. Las relaciones también se basan en acuerdos, y ¿no funcionarían mejor si tuvieramos esa palabra de seguridad en discusiones? También hay mucho social y cultural respecto a lo aceptado y lo juzgado, que no nos permite considerar siquiera la opción de probar a ver si funciona para nosotros. 
Se trata de lo que le sirva a cada uno, de lo que cada uno necesite y disfrute. Siempre que se encuentre el lado placentero, y se respeten los límites en la práctica sexual. Es importante, además, confiar y conocer al otro, ya que estamos muy expuestos y vulnerables durante el acto en sí mismo. 


Por eso, este San Valentín salgamos de las cajas, por más que las que traigan bombones y chocolates sean lindas. Y pensemos en todo esto, o en lo que podamos. Para los que estamos solos, festejemos el amor propio, el autoconocimiento, queramos hasta lo que no nos gusta de nosotros mismos. Para los que están en pareja, más que regalarse cosas materiales, valoren también del otro lo que no les gusta y todas las tormentas que sobrevivieron. De eso se trata, que el amor pese más que el trabajo y que se haga de a dos.
Si ese placer-dolor es lo que funciona en tu relación, lo haces bien y se cumple el objetivo de disfrutar, ¿qué puede decir la sociedad-cultura de tu vida? El que la vive sos vos. Eso es amor propio también.



By Pilar A.
Psicóloga en Proceso

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